OBRA

La escultura y las instalaciones de Andrea García han hecho una oportuna aparición en la escena artística colombiana, tan necesitada de obras de arte tridimensionales de orientación  contemporánea.

Su trabajo habla en primera instancia de reciclaje, es decir, de la transformación de materiales que ya cumplieron una función, en materiales que cumplan otra, de recuperar los componentes que se encuentran en los residuos urbanos, para obtener nuevos productos y con ellos lograr toda una serie de beneficios sociales como el ahorro de energía y la posibilidad de vivir en un entorno más saludable y limpio. La sociedad, ávida de consumo, ha ido dejando a su paso huellas que testimonian su apetito voraz, y que la artista convierte en elaboraciones donde la materia adquiere un nuevo discurso a partir de los planteamientos que hace sobre el objeto rehabilitado.

García, sin embargo, concentra su labor en dos elementos de aluminio: viejos radiadores que en ocasiones contienen fragmentos de cobre, y argollas de latas o envases para líquidos, y por tal razón, su reciclaje conlleva implicaciones particulares que le otorgan propósitos específicos a su producción.

Las argollas, por ejemplo, son tejidas o unidas unas a otras con hilo de telenka formando una especie de telas que la artista manipula siguiendo su intuición para otorgarles unas formas tridimensionales  que intrigan por su carácter abstracto a pesar de cierta referencia orgánica. Se trata de piezas que brotan de los muros inmiscuyéndose en el espacio, y que la artista ha denominado Origen aludiendo al hecho de que constituyen el comienzo, tanto de su expresión escultórica, como de sus razonamientos ecológicos y sociales. Un aspecto importante acerca de este material, es que es tejido por mujeres cabeza de familia de escasos recursos que, gracias a una fundación co- creada por la artista, han encontrado en este oficio oportunidades económicas dignas, todo lo cual imbuye el trabajo de García con un contenido de hondas implicaciones sociales a más de coherente con su idea de cambiar unas funciones por otras. Link de la fundación www.manosamoras.org.

Los radiadores, o esa parte del sistema de enfriamiento por líquido de los motores de combustión interna, son otro tipo de deshechos cuyas posibilidades escultóricas no pasaron desapercibidas para la mirada de la artista que supo descubrir en sus componentes, y especialmente en la parte  denominada el panal, con sus canales y aletas, un elemento visual altamente sugerente y convenientemente maleable. Sus funciones catalizadoras impulsaron a García a darles un sentido artístico, puliéndolos y esculpiéndolos para que transmitan visualmente el diagrama de las palabras con que la gente “fuga”, o se escapa de situaciones o condiciones adversas, al igual que el calor se fugaba a través de los radiadores en la función original de estos despojos.

La “fuga” en este caso funciona como un dispositivo de olvido que aplaza la ansiedad provocada por aquello que desestabiliza al organismo. Esta parte de su muestra se titula Radio-Grafías en alusión a que fue elaborada a partir de las respuestas del público -a través del programa radial  Los Originales emitido por la emisora 103.9- acerca de sus maneras de fuga, respuestas que fueron catalogadas permitiendo definir siete actividades claves con que la gente “fuga”: oír música, ir de compras, beber cerveza, practicar ejercicio físico, hacer arte, conversar, meditar y reír.

Una vez definidas estas actividades, las palabras fueron transferidas a un espectrómetro de voz para registrar gráficamente cada una de ellas, siendo impresas sobre el radiador mediante un laborioso ejercicio de talla en bajo relieve, creando una muy delicada sugerencia entre artefacto y humanidad. Los radiadores se convierten en una especie de cyborgs primitivos que integran registros de una civilización que cataliza sus angustias, mediante escapes legítimos que funcionan como parte de un consumo social que mercantiliza la insatisfacción para crear equilibrio emocional y económico.

El contenido de su obra, en conclusión, aparte de impulsar consideraciones estéticas gracias a los  materiales metálicos pero livianos, a las formas y  texturas relucientes y a los reflejos dorados de la laminilla que se alcanzan a percibir en algunos segmentos y que de alguna manera dignifican el material concediéndoles referencias precolombinas, es de profundas implicaciones sociales, tanto por sus “orígenes”, como por constituir un válido intento de otorgarle expresión concreta a un proceso psicológico tan común y difundido como la evasión.”

Eduardo Serrano 2011